viernes, 21 de septiembre de 2012

En la calle no


Claro que es normal que a un vecino le moleste que en su calle, en su portal o en la acera del colegio de su hijo, putas, chulos y clientes afeen el paisaje urbano. Entre otras cosas porque es una actividad que acarrea incordios de todo tipo: ruidos, condones usados, problemas de seguridad. Y por supuesto que no están de más las campañas de concienciación para que quienes pagan por sexo sepan a lo que están contribuyendo en la inmensa mayoría de casos.

Ahora bien, perseguir a las prostitutas que ejercen en las calles y multar a sus clientes no es que sean medidas ineficientes. Es que son simples parches, atajos, chapuzas, lavados de cara y de conciencia destinados a que no veamos lo que sabemos que pasa. Es lo único importante: no verlo. Acabar con el tráfico de mujeres y con la violencia o liberar a las miles de esclavas sexuales que viven literalmente secuestradas en pisos o en clubs de carretera no es el objetivo.

De qué otra forma se explica que las restricciones que imponen las ordenanzas municipales se limiten a la vía pública, y que ninguno de los esfuerzos disuasorios se dirijan hacia los proxenetas o hacia las mafias que se lucran con la explotación de sus víctimas.

Y todo por ese ridículo rubor que provoca en opinión pública y gobernantes el planteamiento de la verdadera y única forma de lucha contra esa forma extrema de violencia de género: regularizar la prostitución.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Somalia (I), por Jon Sistiaga


Extracto de su artículo "¿Qué tipo de arma trae a Mogadiscio?"
"Cuando aterrizas en Mogadiscio, cuando ya te has quitado de encima la impresión de estar accediendo al lugar mas peligroso del mundo, a la capital de ese Estado fallido que es Somalia, un funcionario te pide que rellenes el formulario de entrada al país. Bien, como pasa en cualquier aeropuerto del mundo. Pero cuando ya has respondido a los habituales apartados de cómo te llamas, de dónde eres, cuál es tu numero de pasaporte o qué vienes a hacer, debes de contestar a la pregunta numero 16, esa que dice "¿Qué tipo de arma trae?"(...)
Hay milicias en cada esquina, hay un Kalashnikov en cada lugar al que mires, hay camionetas artilladas con tipos malencarados pasando veloces en todas las direcciones. Somalia es el señorío de la guerra. Llevo unas horas aquí y ya he conocido varios adolescentes que no han vivido otro entorno que el del combate. Que su niñez ha sido corrompido por unos mayores que les enseñaron a disparar antes que a leer. He visto un crío de 14 años, armado con un AK-47, amedrentar a una cola de refugiados que se peleaban por una escudilla de arroz."

La crisis, por Ramón Lobo


Extracto de su artículo "Por qué hemos perdido la guerra":
"Esta nace del expolio sistemático provocado por la desregulación, del vale todo si es para los míos, y del trillón de dólares que se han dejado en el camino los guerreros del antifaz. La crisis es otro atentado terrorista; devora puestos de trabajos, salud y escuela; devora sobre todo el futuro de millones y amenaza con tragarse todos los derechos laborales y avances sociales por los que lucharon generaciones. Esos derechos son la democracia, su esencia, no el voto en lista cerrada."

miércoles, 14 de septiembre de 2011

11-S, ¿Por qué?


Desde los entretenidos “cómo vivió ‘fulanito’ el 11 de septiembre”, pasando por intentar adivinar qué sería hoy el mundo de no haberse producido la tragedia, hasta planteamientos tan ingeniosos como el de la 2 Noticias con “qué se iba a contar en los informativos aquel martes, y nunca se contó por los atentados”.
La efeméride de la primera década del 11-S ha dejado una interesante y profusa colección de reportajes, crónicas, entrevistas y recordatorios varios en los medios de comunicación, como no podía ser de otra forma.
Pero, bien por torpeza en la búsqueda, o tal vez porque no ha sido demasiado prodigado, he echado de menos estos días un enfoque que me despierta especial interés. ¿Por qué ocurrió el 11-S? ¿Lo tenemos claro diez años después?
Desechando ‘conspiranoias’ que vienen a situar a los propios EEUU detrás del diseño de la matanza, tropiezo con un interesante análisis de Peter Bergen, el único periodista occidental que logró entrevistar a Osama Ben Laden. Destaco los puntos que me merecen una mayor relevancia.
1.- Entrenados para matar. La guerra de Afganistán contra la URSS radicalizó a toda una generación de militantes islamistas que, entrenados y armados por los propios Estados Unidos de América, fueron el germen de una organización fundada en 1988 bajo el nombre de Al Qaeda.
2.- Humillación. Según el investigador Bernard Lewis, existe en el mundo islámico un sentimiento generalizado de humillación desde hace décadas, simbolizado en el final del imperio otomano y su “ignominiosa división por parte de los británicos y los franceses tras la Primera Guerra Mundial”. Afirma Peter Bergen que “para Ben Laden, el acuerdo Sykes-Picot de 1916 que dividió el imperio otomano entre los franceses y los británicos tiene la misma resonancia que la que tuvo para Hitler el tratado de Versalles de 1919”. Algunas semanas después del 11 de septiembre de 2001, en Al-Yazira, Ben Laden dijo: “Lo que Estados Unidos está probando ahora es algo insignificante comparado con lo que nosotros hemos saboreado por decenas de años... Ni Estados Unidos ni la gente que vive allí podrán volver a dormir seguros antes de que nosotros podamos hacerlo en Palestina, y no antes de que los ejércitos de los infieles abandonen la tierra de Mahoma”.
3.- Política exterior. Según Ben Laden, lo que quiso combatir con los atentados es precisamente la política exterior de Estados Unidos en Oriente Medio, especialmente el apoyo a Israel en el conflicto con Palestina, y no la cultura occidental (de hecho, nunca hizo mención a Hollywood, la homosexualidad o las drogas).
4.- Globalización. La extensión de las redes de comunicación gracias a Internet y también a los canales de televisión vía satélite durante la última década del siglo XX, hacen que en 2001 los militantes islamistas estén mucho más informados de la suerte que corren musulmanes en Cachemira, Palestina, o los Balcanes, y del rol que juega Occidente en muchos de esos conflictos.
5.- Cómplices. Los regímenes autoritarios de Oriente Medio ayudaron a incubar militantes. Sayyid Qutb, líder del movimiento militante yihadista, y más tarde Ayman al-Zawahiri, el número dos de Ben Laden, se radicalizaron durante el tiempo que estuvieron en las cárceles de El Cairo. Para Bergen, no es un accidente que tantos miembros de Al Qaeda hayan sido egipcios y sauditas.
6.- Odio engendrado en Occidente. Tres de los cuatro pilotos suicidas y dos de los terroristas que planearon los atentados radicalizaron sus posturas islamistas viviendo en Occidente. La falta de integración y la discriminación parecen haberlos volcado hacia el extremismo. De hecho, un estudio llevado a cabo por el analista Swati Pandey y por el propio Peter Bergen arroja una conclusión alarmante. Uno de cada cuatro terroristas involucrado en ataques a Occidente (Nueva York, Madrid, Londres), había estudiado en universidades occidentales.
7.- Ataque estratégico. Del mismo modo que Estados Unidos puede que subestimara el riesgo de un ataque en su propio territorio procedente del terrorismo islamista, parece ser que Ben Laden consideraba a Estados Unidos un tigre de papel. Capaz de soportar apenas algunos golpes antes de retirar su custodia de territorios dominados por regímenes aliados a Occidente, dejándolos así más vulnerables y accesibles al yihadismo.
Diez años después, Al Qaeda ha sido descabezada, y sus líderes, con Ben Laden a la cabeza, eliminados. La red terrorista parece ganar influencia en el Magreb y, sin embargo, no ha conseguido tutelar las revueltas en Egipto, Túnez o Libia.
¿Empezó Al Qaeda a construir su declive el 11 de septiembre despertando (otra vez) a un gigante dormido y despertando también el recelo de la mayoría del islam? ¿Fue profético, por el contrario, Hosni Mubarak cuando afirmó que la guerra de Irak generaría “100 nuevos Ben Laden”?
Quizás sea ése el legado del hombre que ideó el mayor ataque terrorista de la historia contra Estados Unidos. Y quizás obviar las causas sea una mala manera de disminuir las probabilidades de que acciones de este tipo puedan repetirse.

lunes, 26 de abril de 2010

Éxito


"Muchos fracasos de la vida han sido de hombres que no supieron darse cuenta de lo cerca que estaban del éxito cuando se rindieron." (Thomas Edison)

viernes, 16 de abril de 2010

14 de abril


(Comentario del programa "De cuatro a seis" del 14 de abril de 2010)

Que la II República fue un período democrático de la historia de España brutal e ilegalmente abortado por un golpe de Estado que provocó una cruenta guerra civil, no tiene discusión. O al menos no debería tenerla.

Lamentablemente afloran las posturas revisionistas que pretenden justificar aquel execrable levantamiento militar que supuso un atentado contra la libertad individual y colectiva de los ciudadanos españoles. En ningún caso los fallos cometidos por los diferentes gobiernos republicanos que no supieron plasmar una estabilidad de facto en el conjunto del país, pueden convertirse en modo alguno en justificación del golpe franquista.

Apuntado, conocido y reconocido ésto por la inmensa mayoría de la sociedad civil, política y mediática contemporánea, no debe sin embargo hacernos víctimas de anacronismos.

Hoy, 79 años después de aquél 14 de abril, vivimos una realidad radicalmente diferente. Una realidad protagonizada por la etapa democrática más amplia y estable de nuestra historia. Con carencias, en efecto. Con retos, por supuesto. Con debilidades, evidentemente.

Pero una etapa construida sobre la sangre, el sudor y las lágrimas de varias generaciones de españoles. Una etapa que tiene el pilar básico del consenso, de la reconciliación. Y con la asimilación mutua de las dos Españas de que para llegar a esto había que dejarse cosas, muchas, por el camino. Una etapa por cierto con bandera propia, acatada por todos en su día.

No debemos olvidar que el 14 de Abril de 1931 es una fecha clave en nuestra historia reciente: desembarcó en nuestro país la democracia. Pero esto también lo reconocen los que a las manifestaciones van sin la tricolor.

Aquella guerra la perdió la democracia. La ganó la ilegalidad. En efecto, al final pasaron. Algo que condenamos, pero que ya no podemos cambiar. Por mucho que algunos sigan abrazados a banderas de otros tiempos.

martes, 6 de abril de 2010

Como Melvin


Seguro que muchos recuerdan a Jack Nicholson en Mejor Imposible. Encarnaba a Melvin, un maniático compulsivo que cerraba y abría varias veces los cerrojos de su piso al entrar o salir y que sorteaba de manera obsesiva las líneas del acerado cuando paseaba por la calle. Alguien tan escrupuloso como para llevarse los cubiertos de casa al restaurante o como para usar hasta una decena de pastillas de jabón para lavarse una sola vez las manos.

Un personaje delicioso del cine contemporáneo. Pero también un ejemplo a seguir.

¿Se imaginan que los líderes de los partidos políticos fueran como Melvin? Maniáticos compulsivos. Enfermizos del rigor autoimpuesto. Sólo haría falta que en vez de obsesionarse con las rayitas de las aceras lo hicieran con vaciar las cloacas de sus propias formaciones. Que fueran enfermizamente tozudos, no para arrojar al cubo de la basura las inocentes pastillas de jabón de glicerina, sino para desterrar de por vida a los que tienen las manos sucias de robar. Que no se llevaran el tenedor y el cuchillo de casa pero que sí prestaran toda su atención en conocer con quién comparten mesa y mantel durante tantos años.

O el personaje encarnado por Nicholson se convierte pronto en un referente político de este país, o quizás un día despertemos y ya sea tarde: todos pensaremos que todos son iguales. Que pase lo que pase nunca pasa nada.

Ojo con esto. Ése día los partidos, los políticos y la democracia compartirán espacio con las pastillas de jabón de Melvin.